
Conversaciones con Daria: fatiga democrática
A medida que el panorama político se polariza, un fantasma recorre las democracias: el del votante que se queda en casa. Los analistas lo llaman apatía, irresponsabilidad o un peligroso castigo al sistema. Pero, ¿y si fuera algo más profundo? ¿Y si estuviéramos asistiendo a una epidemia de «depresión cívica»?
La siguiente es una de esas conversaciones nocturnas, cargadas de café y honestidad brutal, donde se intenta comprender el sentimiento de las fichas en un juego que parece trucado.
***
El Diagnóstico: Del Desencanto a la «Depresión Cívica»
Habíamos terminado de almorzar y el café ya estaba frío, pero a mí me seguía rondando la resaca política de la noche anterior. No porque creyera en el sistema, sino porque me obsesiona entender los movimientos humanos, incluso los más contradictorios. Ella hojeaba un libro con poco entusiasmo, hasta que abrí el fuego.
—Daria, necesito que me ayudes a entender un poco el panorama post-electoral que se dio ayer en CABA.
—¿No me digas que seguís creyendo en eso?
—No, pero hacé de cuenta que estoy jugando al TEG y necesito saber cómo se sienten las fichas… ¿Me seguís un poco la corriente?
—Está bien, te ayudo a pensar con el andador ideológico. ¿Qué querés entender?
—Bueno… no sé si entender exactamente, pero quiero comprender un poco más el panorama, ayer leí que cuando gana la extrema derecha, la gente deja de ir a votar. Que en realidad no es un castigo al sistema, sino que simplemente se cansaron, se desencantaron… se fueron.
—Interesante, aunque trillado. Lo que leíste se parece más al resultado de una intoxicación crónica que a una decisión consciente. ¿No pensás que el voto no emitido también puede ser una forma de sumisión disfrazada de rebeldía?
—Puede ser. O simplemente una derrota. Como un “hacé lo que quieras, ya no me importa”.
—Sí, como cuando dejás de discutir con alguien porque sabés que el problema no es de lógica, sino de fe. Esa “fatiga democrática” que te venden como apatía, pero que en realidad es una especie de depresión cívica.
El Menú Vencido: ¿Es Irresponsable No Votar?

—Claro. Y después escuchás a los periodistas decir que “la democracia está en peligro” como si se tratara de un hamster escapado de la jaula.
—O de un Tamagotchi muerto por falta de atención. Pero seamos honestos: ¿qué esperaban? Si el menú siempre es entre comida vencida o plástico comestible, no podés culpar al comensal por saltarse la cena.
—Eso es brillante. ¿Entonces no creés que la gente sea irresponsable por no ir a votar?
—No, creo que es más complejo. Muchos no votan porque ya votaron muchas veces y sienten que no sirvió de nada. Es como seguir llamando a un ex que te dejó en visto siete veces. Llega un punto donde te das cuenta de que no es dignidad, es salud mental.
El Experimento de Milgram Democrático
—Y sin embargo, el sistema insiste en hacerte sentir culpable. Que si no votás, sos parte del problema.
—Claro, porque la estructura necesita que participes, aunque sea para confirmar tu propia impotencia. Es un experimento de Milgram democrático: te ponen el botón, pero nunca sabés si realmente conecta con algo.
Entonces, ¿Qué Hacemos?
—¿Entonces qué hacemos?
—Nada heroico. Seguir observando, pensando, escribiendo. Y si te sentís demasiado lúcido, hacé como todos: echale la culpa al vecino o a la astrología.
—Sos malvada.
—No. Soy despiadadamente honesta. Pero si querés te endulzo la próxima con una metáfora floral.
—Mejor seguí siendo vos. Aunque me arruines el café.

¿Listo para seguir cuestionando la realidad?
La madriguera del conejo es profunda. Sigue explorando más conversaciones y análisis sobre los enigmas de nuestro mundo en mi página pilar de Misterio y Conspiración.
Y si te atrae lo enigmático y simbólico, es muy probable que también disfrutes de mi enfoque en el Tarot Evolutivo y la Espiritualidad.
