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De las cuatro virtudes cardinales que ordenaron la ética occidental durante dos mil años, el tarot conserva tres con nombre propio. La Justicia tiene su carta. La Fortaleza también, aunque casi nadie la llame así (la conocemos como La Fuerza). La Templanza está ahí, con su ángel vertiendo agua entre dos copas. Pero falta la Prudencia en el Tarot.
Y no es un detalle menor: para Tomás de Aquino y para buena parte de la filosofía escolástica, la Prudencia no era una virtud más entre cuatro. Era la que gobernaba a las otras tres, la que decidía cuándo aplicar justicia, cuánta fuerza ejercer, dónde poner el límite de la templanza. El tarot dejó afuera, aparentemente, a la virtud que manda sobre el resto.
Una ausencia que se nota más de lo que parece
En el Tarot de Marsella, el mazo más antiguo que se conserva con continuidad histórica, Justicia, Fuerza y Templanza ocupan lugares fijos entre los veintidós arcanos mayores. Cuando Arthur Edward Waite rediseñó el mazo a comienzos del siglo veinte, reordenó algunas posiciones — la Fuerza pasó al puesto VIII, la Justicia al XI — pero mantuvo las tres virtudes intactas. Ninguna versión estándar, ni la más antigua ni la más moderna, incluye una carta llamada simplemente «La Prudencia».
Esto no es un olvido de un solo artesano en un solo taller. Es una ausencia que atraviesa siglos y escuelas distintas de fabricación, lo cual descarta la explicación más perezosa — que un cartero se olvidó de una carta — y obliga a buscar algo más estructural.
La hipótesis del disfraz: la Prudencia escondida en El Colgado
La pista más sólida no dice que la Prudencia desapareció, sino que cambió de nombre. El conde de Mellet, uno de los primeros ocultistas en escribir sobre el tarot en el siglo dieciocho, dejó una referencia que la investigadora Mary K. Greer recuperó siglos después: la Prudencia, en ciertas tradiciones, aparece representada como una figura suspendida por un pie. Exactamente la postura de El Colgado.
La historiadora del arte Gertrude Moakley, especialista en los mazos italianos más tempranos, y la junguiana Sallie Nichols después de ella, documentan algo similar: mazos donde una figura identificada como Prudencia habría precedido, o directamente sido reemplazada por, la imagen del hombre colgado boca abajo. La lectura simbólica encaja mejor de lo que parece a primera vista.
La Prudencia clásica se representaba con dos rostros mirando en direcciones opuestas — pasado y futuro a la vez, la doble visión que permite decidir con criterio. El Colgado invierte por completo el punto de vista habitual, ve el mundo al revés para entenderlo mejor. Ambas cartas hablan de suspender el juicio automático antes de actuar. Si la hipótesis es correcta, la Prudencia no se perdió: se transformó en la carta que enseña exactamente lo que la Prudencia clásica prometía enseñar.

La hipótesis menos conveniente: nunca terminó de entrar
Hay un dato que complica la narrativa de la desaparición deliberada. El historiador Emilio Salas documenta una variante del tarot con noventa y siete cartas en total, que a las setenta y ocho conocidas les sumó, entre otras veinte piezas nuevas, una carta explícita de la Prudencia junto con las tres virtudes teologales, los cuatro elementos y los doce signos del zodiaco. Es decir: en algún momento de la historia del tarot, alguien sí fabricó una Prudencia con nombre propio. Ese mazo ampliado no se convirtió en estándar. El de setenta y ocho cartas sí.

Esto sugiere una lectura distinta a la de la censura o el ocultamiento intencional. Puede que la Prudencia nunca haya sido removida de nada, porque nunca terminó de instalarse como pieza fija del mazo dominante.
Distintos talleres del Renacimiento italiano fabricaban sus propias versiones con variaciones considerables, y lo que hoy llamamos «el tarot» es, en rigor, la versión que sobrevivió y se estandarizó por repetición comercial, no necesariamente la más completa ni la más fiel a la tradición filosófica de origen.
Por qué esta ausencia importa más allá de la anécdota histórica
Cualquiera de las dos hipótesis (disfraz en El Colgado, o simple falta de estandarización) deja una pregunta más interesante que la anécdota en sí. Si el tarot conservó tres virtudes y dejó fuera exactamente la que las ordenaba a todas, ¿qué dice eso de cómo terminamos leyendo las cartas? Justicia, Fuerza y Templanza se volvieron símbolos de estados o cualidades, se tiene fuerza, se aplica justicia, se practica templanza.

La Prudencia es distinta: no es un estado, es un criterio para decidir cuándo usar las otras tres. Su ausencia como carta explícita puede explicar por qué tantas lecturas de tarot se quedan en «qué energía está presente» y les cuesta más llegar a «qué decisión concreta conviene tomar con esa energía».
Si El Colgado efectivamente hereda esa función, entonces la próxima vez que salga en una tirada no está anunciando solamente estancamiento o sacrificio. Puede estar pidiendo exactamente lo que la Prudencia pedía desde el origen: suspender la respuesta automática el tiempo suficiente para decidir con criterio, no con impulso.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué no existe una carta de la Prudencia en el tarot?
No hay consenso definitivo, pero dos hipótesis documentadas explican la ausencia: que la Prudencia se representó tradicionalmente fusionada con El Colgado, o que ciertas variantes del mazo sí la incluyeron como carta aparte pero nunca se estandarizaron frente a la versión de setenta y ocho cartas que terminó dominando.
¿Cuáles son las cuatro virtudes cardinales y cuáles aparecen en el tarot?
Las cuatro virtudes cardinales de la filosofía clásica son Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. De ellas, el tarot conserva tres con carta propia: La Justicia, La Fuerza (Fortaleza) y La Templanza. La Prudencia en el tarot es la única que no tiene un arcano con su nombre.
¿El Colgado representa a la Prudencia?
Es una de las hipótesis históricas más documentadas. El conde de Mellet, en el siglo XVIII, vinculó a la Prudencia con una figura suspendida por un pie, y estudiosas como Mary K. Greer, Sallie Nichols y Gertrude Moakley recogieron referencias a mazos donde una Prudencia explícita precedió o fue reemplazada por la imagen de El Colgado.
¿Existió alguna vez una carta de la Prudencia en el tarot en mazos?
Sí. El historiador Emilio Salas documenta una variante de noventa y siete cartas que incluía una Prudencia explícita, sumada a las tres virtudes teologales, los cuatro elementos y los doce signos del zodiaco. Ese mazo ampliado no llegó a estandarizarse frente a la versión de setenta y ocho cartas.
¿Qué significa que la Prudencia haya sido la virtud «que gobierna» a las demás?
En la filosofía escolástica, especialmente en Tomás de Aquino, la Prudencia era la virtud que determinaba cuándo y cómo aplicar la Justicia, la Fortaleza y la Templanza. No era una cualidad más entre cuatro, sino el criterio de decisión que ordenaba a las otras tres.

