
El eclipse de 1919 es famoso por ser la supuesta prueba de la relatividad, pero en realidad fue el nacimiento del marketing científico de Einstein. En esta conversación, Daria desmantela un evento que fue, sobre todo, un eclipse de pensamiento crítico.
Una vez más sentados bajo la parra, que parecía ser el lugar en el que ambos estábamos más cómodos, revisábamos entre la inmensa montaña de papeles (puesta a modo simbólico, realmente no era necesaria, pero creaba ambiente) Daria hojeaba un viejo atlas celeste con gesto divertido, como quien revisa un álbum de fotos de gente que nunca existió.
El Eclipse de 1919: ¿Prueba Real o Campaña Publicitaria?

—¿Sabías que la teoría de la relatividad se volvió famosa gracias a un eclipse?
—Lo leí por allí, sí. Algo de que la luz de las estrellas se curva al pasar cerca del Sol, y eso probaría que la gravedad deforma el espacio. ¿No?
—Así lo cuentan. Año 1919. Expedición británica a observar el eclipse solar total. Objetivo: ver si las estrellas “se corrían” en el cielo, como predijo Einstein. Si se desviaban del lugar habitual, era porque la luz se curvaba por la masa del Sol. Así, boom: relatividad confirmada.
—Parece redondo. ¿Dónde está el truco?
—Justamente en lo redondo. Un eclipse dura unos pocos minutos. Y lo que compararon fue la posición de unas estrellas “durante” el eclipse, contra las fotos sacadas en otra época del año. O sea: cielos distintos, atmósferas distintas, instrumentos distintos, margen de error gigantesco… y encima la diferencia que esperaban era de fracciones ínfimas de grado.
Así Funciona el Marketing Científico de Einstein
—¿Y se animaron igual?
—Claro. Y acá viene lo hermoso: de las tres mediciones que se tomaron en lugares distintos, del eclipse solar total una no mostró ningún corrimiento. Otra mostró menos del predicho. Y la tercera, más o menos lo que Einstein decía. ¿Cuál creés que se tomó como válida?
—Dejame adivinar…
—La que encajaba. Las otras se “descartaron” por supuestos problemas técnicos. Así se prueba una teoría en la ciencia moderna: por descarte emocional.
—¿Y nadie lo cuestionó?
—Sí. Muchos astrónomos lo hicieron. Pero cuando el New York Times tituló al día siguiente “Las estrellas no están donde deberían: Einstein tiene razón”, ya estaba sellado. No importaban las dudas. Importaba el impacto.
—Marketing científico. Así que ese fue el verdadero genio… el marketing científico de Einstein superó a la propia ciencia.
—Exacto. No fue un descubrimiento. Fue una campaña de posicionamiento. Einstein pasó de físico teórico a ícono pop en un día. Y la relatividad, de hipótesis elegante a dogma intocable.
Conclusión: El Nacimiento del Dogma y el Marketing Científico
—¿Pero entonces la gravedad no curva la luz? ¡No me desilusiones!
—¿Y si la luz simplemente no va en línea recta absoluta porque el medio cambia? ¿Y si lo que curvan es las lentes, la atmósfera, o incluso el modo en que observamos? La gravedad como curvatura del espacio es una interpretación. Pero la física se volvió amante del espectáculo. Las imágenes valen más que las pruebas.
—¿Y la gente? Porque a pesar de que veo muchas voces que se alzan defendieno imposibles, tambien otras aparecen cuestionando los sinsentidos con más fuerza.
—Sí, hay de todo, pero la masa quiere magia. Le dicen que el universo es un tejido y se lo cree. Aunque nadie pueda mostrar ese tejido y hagan exibiciones con pelotitas dando vueltas sobre una cama elástica. Aunque sea matemático, no físico. Pero suena bien.
—Entonces… ¿La famosa prueba de la relatividad con el eclipse no fue tan sólida como nos la cuentan?
—Fue un eclipse… pero de pensamiento crítico.
¿Listo para seguir cuestionando la realidad como la del márketing científico de Einstein?

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