Esta es una reflexión profunda sobre el amor no correspondido por las circunstancias, una pasión perdida que, aunque ya no duele como herida abierta, deja la marca indeleble de una cicatriz.
Hay amores que no llegan a ser, no por falta de sentimiento, sino por una cuestión de timing. Este es un relato sobre esos momentos en los que el destino se bifurca, y lo que parecía un camino compartido se disuelve, no con estruendo, sino con la quietud de una aceptación.

No Era el Momento
(Un cuento original de Henry Drae)
Ni hubo lágrimas. Solo sueños disolviéndose con cada segundo que pasaba desde la aceptación.
No siempre, ni tan a menudo, las cosas se dan como se proyectan, y eso forma parte del riesgo de jugar a vivir. A veces se gana, a veces no, y otras, simplemente el juego queda sin concluir.
Cuando no es el momento ni siquiera valen las excusas, son trenes que se rozan yendo por vías distintas, y que se van bifurcando tan de a poco que parece que se acompañaran.
Hasta que no se ven más.
Puede doler un poco, pero es más parecido a observar una cicatriz, todavía enrojecida, apenas molesta, pero indeleble y testigo de algo que fue apenas un rasguño que dejó marca.
No era el momento, y nadie tuvo que decirlo. Solo pasó lo que debía y el ambiente se pobló de ausencias. No hubo reproches ni pedidos de disculpas. Alguna sonrisa amarga, algún “hasta pronto” quizás implícito, tal vez sin pronunciar.
Otros momentos llegarán, con otros rostros y otras voces. O con los mismos pero con las diferencias marcadas por el paso del tiempo. Con más experiencia, con más sabiduría. Con menos dolor.
Y quizás con las mismas ganas de tener esa pasión perdida, aquella que no se dio cuando no era el momento.
Aunque tampoco será la misma pasión.
Ni el mismo amor.
Detrás del Telón: La Elegancia de la Despedida en el Amor No Correspondido
«No era el momento» es una oda a la madurez emocional frente a la pérdida de una conexión. No habla de un amor no correspondido en el sentido de un rechazo directo, sino de una desincronización, de dos trenes que, aunque cercanos, van por vías distintas.
El texto nos enseña que no todas las pérdidas requieren un drama de lágrimas y reproches. A veces, la mayor fuerza reside en la aceptación silenciosa, en la comprensión de que ciertas pasiones están destinadas a quedarse como «rasguños» que dejan una marca, pero no una herida abierta.

Es un testimonio de que la vida sigue, que otros momentos y amores llegarán, aunque con la plena conciencia de que «la misma pasión, ni el mismo amor» regresarán. Una reflexión delicada sobre la resiliencia del corazón y la sabiduría de dejar ir con elegancia.
No era el momento tiene también su carta en el Oráculo de «Colores que Nunca Combinan», en donde además, se lo ha resignificado con una frase oracular que intenta ayudar a quienes hayan decidido someterse a una lectura en la que esta herramienta juega un papel decisivo.

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