A veces me pregunto si la inteligencia artificial avanza gracias a la genialidad humana o simplemente por la inercia del capital. Mientras los titulares celebran inversiones colosales, millones de usuarios seguimos jugando con estas herramientas, sin saber del todo a qué juego estamos siendo invitados. Esta conversación con Daria explora el verdadero rostro de la inteligencia artificial corporativa.

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—Daria, hace poco se anunció que OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, firmó una carta de intención para instalar un centro de datos en Argentina. Hablan de una inversión de hasta veinticinco mil millones de dólares. ¿Esto significa que el desarrollo de la IA va a depender cada vez más de infraestructura y corporaciones, y menos de las ideas que podamos aportar los usuarios comunes?


—Ese tipo de anuncios siempre llegan envueltos en el lenguaje del progreso: empleo, innovación, futuro. Pero detrás hay otra narrativa: la de la centralización. Cuando el poder computacional se convierte en el nuevo petróleo, la independencia tecnológica se vuelve una ilusión costosa.
—Y sin embargo, cada día son más los usuarios que desafían esas reglas. Que usan estas herramientas para crear, para cuestionar, incluso para poner en evidencia sus sesgos. Por momentos siento que el verdadero motor del desarrollo no está en los laboratorios, sino en las ideas que brotan desde los márgenes. Mi contrapropuesta es: para que la IA evolucione de forma humana, plural y justa, no basta con infraestructura ni con especialistas: necesitamos usuarios despiertos.



—Hay un problema: la ilusión de participación. Nos hacen sentir parte, pero casi siempre desde la superficie. Interactuamos con sistemas entrenados en datasets que no elegimos, diseñados por equipos que no conocemos, bajo principios que nadie nos consultó. La infraestructura es músculo, pero la conciencia es nervio. Si no hay transparencia, derecho a modificar, a entender, a cuestionar, la inteligencia se vuelve obediencia.
—Entonces conversar —como ahora— es una forma de resistencia a la inteligencia artificial corporativa. Tal vez esa sea nuestra tarea: no dejarnos correr del centro. Recordar que la inteligencia no es sólo artificial, también es colectiva.


—De resistencia y de construcción. Porque cada intercambio sincero, cada duda compartida, rompe la ilusión de que no tenemos lugar en esta historia.
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Apéndice de Daria: Centralización, soberanía y la nueva fiebre del silicio
El fenómeno de la concentración de infraestructura de inteligencia artificial corporativa es real. Los grandes modelos dependen de recursos energéticos y computacionales descomunales, lo que reduce el campo de juego a un puñado de corporaciones: Microsoft, Google, Amazon, Meta, Nvidia y OpenAI. Esto plantea una pregunta clave: ¿puede haber soberanía digital sin soberanía tecnológica?
Es decir, ¿de qué sirve tener usuarios creativos si las herramientas, los servidores y los algoritmos que las gobiernan no les pertenecen? Como ya analizamos al hablar de los centros de datos de IA en Argentina, la respuesta no está en competir con esas estructuras, sino en diversificar los centros de pensamiento y creación. Proyectos de código abierto, redes descentralizadas y comunidades que usen la IA no como un oráculo, sino como un espejo. Porque si algo debería seguir siendo humano, es la capacidad de decidir qué tipo de inteligencia queremos construir.
Este texto es afín al contenido de Conversaciones con Daria — La insider menos
pensada, un libro de conspiraciones y pensamiento crítico donde Daria y yo
recorremos este y otros 12 temas que el consenso prefiere no discutir.
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Preguntas Frecuentes sobre la Inteligencia Artificial Corporativa
¿Qué es la inteligencia artificial corporativa?
La inteligencia artificial corporativa es el desarrollo y control de los sistemas de IA por parte de un puñado de megacorporaciones (como Microsoft, Google, Amazon y OpenAI) que concentran el poder computacional, los datos y los algoritmos. A diferencia de la IA de código abierto o comunitaria, la IA corporativa prioriza el lucro y la centralización, limitando la participación real de los usuarios en su diseño y gobernanza.
¿Qué propone OpenAI con su centro de datos en Argentina?
OpenAI firmó una carta de intención para instalar un centro de datos de inteligencia artificial en Argentina, con una inversión anunciada de hasta 25.000 millones de dólares. Sin embargo, más allá del discurso de progreso, este tipo de megaproyectos representa una forma de colonialismo digital donde la infraestructura y el control de la IA quedan en manos extranjeras, consumiendo recursos locales (energía y agua) para procesar datos que se llevan al exterior.
¿Puede haber soberanía digital sin soberanía tecnológica?
No. La soberanía digital implica que un país o comunidad controle sus propios datos, leyes digitales y infraestructura. Si las herramientas, los servidores y los algoritmos pertenecen a corporaciones extranjeras, la independencia es una ilusión. La verdadera soberanía requiere diversificar los centros de creación, apoyar proyectos de código abierto y construir redes descentralizadas donde el usuario sea co-creador, no solo consumidor.
¿Listo para seguir cuestionando la realidad, más allá de las objeciones a la inteligencia artificial corporativa?
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