Sesgo de Pertenencia Grupal: Cuando Tu Ciencia Es Solo Tu Tribu con Bata Blanca

Sesgo de Pertenencia Grupal - DARIA

Nadie se levanta y dice: “Hoy voy a defender una mentira con la pasión de quien cree en la verdad”.
Pero sí pasa todos los días.
Y pasa incluso —sobre todo— en quienes se consideran los más racionales.

Porque el sesgo de pertenencia grupal no es un defecto de los “ignorantes”.
Es un mecanismo cognitivo universal:
Dentro del grupo, lo que se acepta no se percibe como creencia, sino como evidencia.
Lo que se rechaza no es cuestionado, sino descalificado por no encajar.
Y quien se sale del consenso no es un hereje… hasta que lo nombrás.


¿Qué es el sesgo de pertenencia grupal? (y por qué ni los científicos lo ven)

No es fanatismo.
No es estupidez.
Es la tendencia a priorizar la coherencia interna del grupo sobre la coherencia con la observación.

Y sí: pasa en la Iglesia.
Pero también pasa en la NASA.
Pasa en los círculos de tarot.
Y pasa —con más fuerza— en los medios que defienden la “ciencia oficial” como si fuera una religión revelada.

Porque una vez que un modelo se convierte en canon, no se defiende por su capacidad predictiva…
sino por su capacidad de excluir a quien no se somete.


Tres tribus que creen que no son tribus (pero lo son)

Tarot evolutivo y la regla del Loco que nadie se atreve a romper

Sesgo de Pertenencia Grupal - truman

En el tarot evolutivo, se enseña que el arcano 0, el Loco, representa el inicio del viaje consciente.
Pero en muchos círculos, igual se insiste en que debe ir al final —porque “así está en las listas de Facebook” o “así lo dice el curso que compré”.

¿Alguien se pregunta por qué?
¿O directamente se castiga como “error” a quien lo pone al principio… como corresponde, si simboliza el salto fuera del sistema?

No se trata de tener razón.
Se trata de que la regla ya no responde a la simbología…
sino a la necesidad de reconocer a los nuestros.

Thelma & Louise y el feminismo que “ya no es suficiente”

Thelma & Louise (1991) es una película que cuestiona la violencia estructural contra las mujeres, el control masculino y la justicia fallida.
Pero hoy, en muchos círculos “progres”, se la descarta como “feminismo de Hollywood”
mientras se exalta Promising Young Woman o Barbie —películas producidas por los mismos estudios.

¿La diferencia?
No el mensaje.
La tribu que las valida.
Una película no es “menos feminista” por ser popular.
Lo es cuando deja de servir como credencial de pertenencia.

La ciencia institucional y su nueva herejía: cuestionar

Aquí es donde duele.
Porque hoy, cuestionar ciertos dogmas —el modelo heliocéntrico sin observación directa, la seguridad absoluta de ciertas intervenciones médicas, la existencia de satélites en órbita geoestacionaria con pruebas reproducibles por civiles—
no te convierte en escéptico…
te convierte en paria.

Sesgo de Pertenencia Grupal - PCR

Pero fijate:
¿Cuántos de los que defienden la “ciencia” han reproducido ellos mismos el experimento de Foucault?
¿Cuántos han medido personalmente la curvatura terrestre con métodos accesibles?
¿Cuántos han revisado los datos primarios de los ensayos clínicos de las vacunas… en lugar de citar el resumen de una agencia?

No digo que todos estén equivocados.
Digo que muchos confunden la repetición con la verificación.
Y eso no es ciencia.
Es fe en la cadena de custodia del conocimiento.

Yo, por ejemplo, no acepto el modelo heliocéntrico.
No por negacionismo.
Sino porque, tras décadas de observación, experimentación y estudio, no encontré una sola prueba empírica, accesible y reproducible que lo sostenga sin apelar a autoridades, imágenes no verificables o matemáticas no contrastables en el terreno.

Lo mismo con las vacunas:
Cuando los informes de eventos adversos graves (incluyendo decesos) se acumulan en bases como VAERS, EudraVigilance o el mismo ANMAT —y aún así se sigue negando cualquier causalidad sistémica—,
dejá de ser “ciencia” y pasás a ser apologética institucional.

Y sí: me llaman terraplanista.
Lo acepto.
No como insulto, sino como distinción honorífica:

Prefiero ser “loco” por exigir evidencia… que “racional” por repetir lo que me dijeron que es verdad.


El sesgo no se supera con más información. Se supera con menos pertenencia.

La salida no es “tener razón”.
Es saber exactamente por qué creés lo que creés
y estar dispuesto a abandonarlo el día que la observación lo contradiga.

Eso es lo que diferencia al dogmático del investigador:
El dogmático defiende su idea porque es suya.
El investigador la defiende hasta que deja de sostenerse.


El ejercicio que duele (pero libera)

Nombrá una creencia tuya que:

  1. Considerás indiscutible,
  2. Tu grupo refuerza como “sentido común”,
  3. Nunca sometiste a una prueba real —solo a una búsqueda en Google que confirmó lo que ya querías creer.

Si no podés nombrar ninguna…
estás más integrado de lo que pensabas.


El sesgo de pertenencia grupal no se vence con más datos.
Se vence con la humildad de decir:

“Esto lo creo… pero no porque sea obvio. Sino porque, hasta hoy, resiste lo que pude verificar.”

Y si mañana algo lo contradice…
lo voy a cambiar.
¿Vos?

¿Buscas otra recomendación (o una advertencia)?

Y si además de analizar las creaciones de otros te interesa leer las mías, te invito a visitar mi sección de Creación Literaria


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