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Le mandé un mensaje a Daria preguntándole si el fútbol todavía podía considerarse un juego. Tardó en responder, como si estuviera eligiendo las palabras con el mismo cuidado con el que un contador elige una cuenta offshore.

—El fútbol dejó de ser un juego hace bastante —escribió—. Lo que queda es una empresa con uniforme deportivo y un balón como logo corporativo.
Le pregunté por qué la corrupción en la FIFA nunca termina de cerrarse del todo, por qué cada escándalo parece abrir la puerta a otro idéntico, con otros nombres y el mismo método.
—Porque el modelo de negocio se sostiene exactamente sobre eso que llamás corrupción —respondió—. No es una falla del sistema. Es el sistema funcionando como fue diseñado.
Le pedí que me lo explicara con casos concretos, no con teoría. Aceptó, pero puso una condición: nada de hipótesis sueltas sin marco. Lo que sigue es evidencia judicial, documentada y, en varios casos, ya sentenciada. No es especulación. Es historia reciente con expedientes abiertos.
Corrupción en la FIFA: el patrón que empezó en los 90
La corrupción en la FIFA no nació en 2015. Empezó casi veinte años antes, cuando el organismo descubrió que vender los derechos de transmisión de los mundiales podía ser mucho más rentable si parte del dinero circulaba por fuera de los libros contables.
Entre 1992 y 1997, el expresidente João Havelange y el dirigente brasileño Ricardo Teixeira recibieron más de 22 millones de dólares en sobornos de la empresa International Sport and Leisure (ISL) a cambio de los derechos de televisación de los mundiales.
Ese esquema —comisiones ocultas por derechos de TV— se convirtió en la plantilla que se repitió, con variaciones, durante las tres décadas siguientes.
FIFAGate: la madrugada que destapó todo
La madrugada del 27 de mayo de 2015, policías suizos vestidos de civil entraron al hotel Baur au Lac de Zúrich y se llevaron a siete dirigentes del fútbol mundial mientras dormían, horas antes del congreso anual de la FIFA. No fue un operativo aislado: fue el desenlace de una investigación del FBI y el IRS que venía siguiendo el rastro desde 2011, cuando un agente impositivo descubrió que Chuck Blazer, histórico funcionario de la CONCACAF, no había declarado impuestos en diecisiete años.
Esa grieta administrativa terminó destapando una estructura de sobornos de más de 150 millones de dólares, construida alrededor de los derechos de transmisión, marketing y organización de torneos en América. La fiscalía estadounidense, liderada por Loretta Lynch, terminó acusando a 45 personas y varias empresas deportivas de más de 90 delitos vinculados a más de 200 millones de dólares en sobornos.
Entre los caídos: el presidente de la CONMEBOL, el de la CONCACAF, dirigentes de media América Latina y, en el centro de varias acusaciones, el nombre de Julio Grondona, identificado en los expedientes judiciales como «Co-Conspirador 1», aunque nunca formalmente confirmado porque murió meses antes de que el escándalo estallara.

Sobornos por las sedes mundialistas: Rusia 2018 y Qatar 2022
El segundo gran capítulo de la corrupción en la FIFA tiene que ver con algo todavía más sensible: la elección misma de las sedes. En 2020, una nueva acusación de la fiscalía de Brooklyn sostuvo que Rusia pagó cinco millones de dólares al dirigente Jack Warner y prometió otro millón a Rafael Salguero, ambos miembros del comité ejecutivo, a cambio de sus votos para alojar el Mundial 2018. Qatar, según el mismo documento, habría pagado a Ricardo Teixeira y, probablemente, al propio Grondona, para asegurarse la sede de 2022.
La FIFA encargó su propia investigación interna y contrató al exfiscal estadounidense Michael García para auditar el proceso de votación. El resultado, conocido como el Informe García, encontró «conductas inapropiadas» pero concluyó que no había suficiente evidencia para anular la elección. El informe completo nunca se hizo público.
En 2020, además, la fiscalía de Nueva York retiró acusaciones clave vinculadas a la asignación del Mundial 2022, lo que debilitó buena parte del caso contra los dirigentes ligados a Catar.

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Escándalos de corrupción FIFA: Lo que está probado y lo que sigue en zona gris
Conviene separar lo que tiene sentencia de lo que sigue siendo sospecha sin cierre judicial. Probado: hubo sobornos documentados, condenas firmes, decenas de declaraciones de culpabilidad y un fondo de recuperación de activos que ya devolvió más de 150 millones de dólares a la FIFA, la CONCACAF y la CONMEBOL.
Sin cierre: por qué la sede de Qatar 2022 nunca se reabrió pese a la evidencia de votos comprados, por qué la mayoría de los responsables de mayor jerarquía terminaron con sanciones deportivas y no penales, y por qué el sistema de elección de sedes —incluso reformado después de 2015— sigue dependiendo de un comité reducido sin auditoría externa permanente.
El caso más reciente lo confirma: en 2024, Emilio Azcárraga, dueño de Televisa, fue investigado por presuntos sobornos a directivos de la FIFA a cambio de derechos de transmisión del Mundial. El patrón de los noventa, treinta años después, sigue siendo el mismo patrón.
Ahí no hay conspiración que inventar. Hay una estructura institucional que demostró, con sentencias firmes, que puede ser comprada, y que decidió no rediseñarse después de comprobarlo.
Preguntas Frecuentes
¿Qué fue el FIFAGate?
Fue el escándalo de corrupción destapado en mayo de 2015, cuando la fiscalía de Estados Unidos acusó a 45 personas y varias empresas deportivas de más de 90 delitos vinculados a sobornos por más de 200 millones de dólares, pagados a cambio de derechos de transmisión, marketing y organización de torneos en América.
¿Quién destapó la corrupción en la FIFA?
La investigación se aceleró gracias a Chuck Blazer, exfuncionario de la CONCACAF, que comenzó a colaborar en secreto con el FBI desde 2011 después de que una investigación impositiva revelara que no declaraba ingresos desde hacía diecisiete años.
¿Por qué se sospecha que Qatar compró la sede del Mundial 2022?
Según documentos judiciales de la fiscalía de Brooklyn, varios miembros del comité ejecutivo de la FIFA recibieron pagos a cambio de sus votos a favor de Qatar, entre ellos Ricardo Teixeira y, presuntamente, Julio Grondona. La FIFA encargó una investigación interna (el Informe García) que reconoció conductas inapropiadas pero no anuló la elección.
¿Algún dirigente argentino estuvo involucrado en la corrupción de la FIFA?
Sí. Julio Grondona, expresidente de la AFA y vicepresidente de la FIFA, aparece en los expedientes judiciales como «Co-Conspirador 1», aunque la fiscalía nunca confirmó formalmente su identidad porque murió en 2014, meses antes de que estallara el escándalo.
¿La corrupción en la FIFA sigue ocurriendo hoy?
Los casos siguen apareciendo: en 2024, el empresario mexicano Emilio Azcárraga fue investigado por presuntos sobornos a directivos de la FIFA a cambio de derechos de transmisión del Mundial, lo que muestra que el mecanismo de los noventa sigue activo en distintas variantes.
