
Proyecto Hail Mary tiene un 95% en Rotten Tomatoes, a Ryan Gosling, efectos visuales que cuestan más que el PBI de varios países, y una unanimidad crítica que hace muy difícil disentir, aunque sobren argumentos.
Voy a decirlos igual, qué tanto.
El problema del 95% en Rotten Tomatoes con la Crítica de Proyecto Hail Mary
Hay películas que generan unanimidad porque son genuinamente extraordinarias. Y hay otras que generan unanimidad porque llegan en el momento exacto para ser consagradas con el presupuesto adecuado, el actor correcto y la narrativa que pide el manual sobre lo que el cine de ciencia ficción debería ser.
Proyecto Hail Mary es la segunda categoría.
No es una mala película, es decepcionante, lo que es diferente y en muchos sentidos hasta peor. Una mala película no prometió nada, mientras que una que decepciona llegó con todas las credenciales y no las cubrió.
¿De qué va esto? (para quien está dudando en la boletería todavía)
Ryland Grace (Ryan Gosling) despierta solo en una nave espacial sin recordar quién es ni cómo llegó ahí. A medida que recupera la memoria va entendiendo que fue enviado en una misión suicida para salvar a la humanidad de una amenaza que está consumiendo la energía del sol, y que no es Bill Gates.
En el camino encuentra a una entidad extraterrestre con apariencia rocosa (a la cual bautiza «Rocky», aunque no lo creas) en la misma situación, con el mismo problema y con una forma de comunicarse que la película convierte en algo trascendente para la historia, y lo mal que hace.
La premisa en general no está mal aunque sea remanida, el problema es lo que hacen con eso cuando se cae en los lugares comunes más pisoteados por sus predecesoras.
Ryan Gosling: demasiado zen para su situación
Gosling está siempre encantador, tiene una naturalidad frente a la cámara que muy pocos actores de su generación pueden presumir, y eso hace que cualquier cosa que diga parezca completamente genuina.

El problema es que Ryland Grace, su personaje, es un hombre que despertó solo en el espacio, sin memoria, en una misión de la que probablemente no va a volver, cargando con el peso de salvar a ocho mil millones de personas. Y Gosling lo hace con la misma energía relajada con que tocaría el piano en La La Land o se tiraría de una terraza en The Fall Guy.
No es necesariamente un error de casting, es posible que Grace como personaje tenga esa filosofía de vida, esa capacidad de aceptar lo que no puede cambiar y trabajar con ello. Pero en pantalla el resultado es un protagonista al que no terminás de creerle que la está pasando mal. Y cuando no te creés el sufrimiento del protagonista, el peso de la misión se pierde como con la gravedad.
Rocky: la pelota de Wilson con callos y voz de robot
La película debe narrarse en dis líneas temporales paralelas, intuyo que porque la extensísima parte de Rocky interactuando con Grace es un cliché tras otro.

Cambiaron a la pelota de Wilson de Náufrago (que servía como dispositivo de introspección), por esta suerte de proyección de la soledad de Chuck Noland, en un conjunto de piedras robotizadas que se comporta como el alivio cómico de la situación llevado al extremo. «Rocky hacer cosas graciosas. Rocky no entender costumbres humanas«. Y a esa mezcla entre robot y aborigen para hablar otro idioma, la vimos demasiadas veces. Rocky y Grace se enseñan cosas mutuamente, y en el medio, la piedra articulada tiene momentos de vulnerabilidad que se supone que te tienen que emocionar.
Insisto en que a todo eso ya lo vimos. En Náufrago con una pelota de vóley. En Enemigo Mío con Dennis Quaid y Lou Gossett Jr. — que para hablar de dos seres diferentes aprendiendo a coexistir lo hizo con mucha más honestidad y mucho menos presupuesto en 1985.

¿Hasta cuándo vamos a querer disfrutar de personas varadas en el espacio, en el mar o donde sea que la soledad los atrape, haciendo cosas que supuestamente nos deben resultar divertidas? Este sub-género tiene sus convenciones y Proyecto Hail Mary las abraza todas sin cuestionar ninguna.
La ciencia «dura»: fantasía disfrazada de rigor
Proyecto Hail Mary se presenta como ciencia ficción dura, del tipo que respeta las leyes de la física y construye su especulación sobre bases científicas reales. Pero como objetor y aficionado al pensamiento crítico no puedo darle más crédito que a una historia que pretenda respetar las ideas de los creadores de los universos de Star Trek, Stargate o Star Wars: fantasías incomprobables disfrazadas de ciencia.
Si tengo que soportar dislates espaciales, prefiero Armageddon (que para salvar al mundo decide armar un crew de ineptos rebosantes de testosterona que solo pretenden divertirnos y hacernos sufrir sin pretensiones de existencialismo). Al menos Armageddon sabe lo que es y no pide que la tomen en serio (aunque nos haya hecho lagrimear un poco, hay que ser sinceros).

La «ciencia dura» de Proyecto Hail Mary es tan verificable como cualquier otra ciencia ficción espacial. La diferencia es que esta finge que no lo es.
Passengers sin la compañera sexy
La comparación obvia que todo el mundo hace es con Misión Rescate (The Martian) mismo director (en espíritu), mismo tono de supervivencia espacial con humor, mismo protagonista resolviendo problemas con ingenio y buena onda.

Pero la comparación más precisa es con Passengers. Dos entidades atrapadas en el espacio con toda la tensión de la convivencia forzada, aprendiendo a comunicarse, dependiendo el uno del otro para sobrevivir. La diferencia es que Passengers tenía a Jennifer Lawrence como válvula de escape emocional y romántica, un atajo narrativo y discutible si se quiere, pero efectivo.
Proyecto Hail Mary (recordemos que además es la adaptación de una novela con un fandom intenso) tiene a Rocky. Y Rocky, con todo el esfuerzo que la película pone en hacerlo querible, no llena ese espacio con demasiada originalidad. La conexión entre Grace y Rocky es funcional. Passengers, con todos sus problemas éticos (mirá si vas a despertar a tu compa de la hibernacion paa echarte unos tiritos), generaba algo más parecido a la urgencia emocional.
Lo mejor de la película: el sacrificio que no viste venir
En medio de todo hay una secuencia que funciona genuinamente bien y que es lo más honesto que la película produce: el momento en que Grace no acepta la misión y lo obligan igual.
No voy a spoilear los detalles. Lo que sí puedo decir es que es la única vez que la película te sorprende de verdad (y lo hace porque muestra algo que el cine mainstream raramente se permite mostrar): que las autoridades dispuestas al bien mayor no tienen escrúpulos en practicar el mal menor. Que el heroísmo a veces no se elige sino que se impone.
Es una buena escena en una película que no está a su altura.
Lamentablemente si uno lo piensa se hace esperable; las actitudes de las autoridades a lo largo de la película anticipan exactamente esa clase de decisión. La sorpresa dura lo que tarda en procesarse.
El sol, Mercedes Sosa y un tango fuera de timing
Dos detalles que vale mencionar porque dicen algo sobre la película que el análisis convencional no captura.
Primero: solapadamente, entre toda la espectacularidad visual, Proyecto Hail Mary intenta revelar la importancia del sol para la vida. En un momento cultural donde el discurso dominante demoniza la exposición solar, vinculándola al cáncer de piel y vendiendo filtros solares como solución, una película que pone al sol literalmente como la fuente de toda vida en el universo es, cuando menos, un contrapunto interesante. ¿Involuntario? Mmm, mejor no meterse con esas intencionalidades, pero está ahí.
Segundo: la banda sonora tiene un tango en medio de los movimientos estelares de la nave y «Gracias a la Vida» de Mercedes Sosa en el tercer acto. La argentinidad del soundtrack en una producción de esta escala es un dato de color que merece una ceja levantada. El tango es largo y fuera de timing (me quedo con Tchaikovsky en 2001 aunque esa escena me siga provocando sueño). Pero «Gracias a la Vida» en el cierre, cantada por Mercedes Sosa, tiene algo que funciona casi a pesar de sí mismo.
¿Vale la pena verla?
Depende de lo que busques.
Si llegás con las expectativas que el 95% de Rotten Tomatoes genera, vas a quedar con la sensación de que algo no encajó. Si llegás sabiendo que es una película de ciencia ficción correcta con buenos efectos, una actuación agradable de Gosling y una relación central que no termina de despegar, vas a pasar un rato razonable.
Lo que no tiene es la profundidad que la unanimidad le atribuye. Es una película que presume de rigor científico sin tenerlo, que abraza todos los clichés del género espacial sin hacerse cargo, y que en su mejor momento (el sacrificio de Grace) muestra lo que podría haber sido si hubiera confiado más en la oscuridad y menos en la brillantina.
Calificación: 5.5/10 — Mejor como experiencia visual que como película. Más honesta: Armageddon. Más efectiva: Enemigo Mío. Gosling sigue siendo Gosling.
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