Versus Bizarro: Scarface Vs El Padrino

Scarface vs El Padrino Versus

Hay debates que no necesitan justificación. Scarface vs El Padrino es uno de ellos. Dos películas sobre el crimen organizado, dos formas de ascender, dos formas de caer, y décadas de discusiones que nunca se resuelven porque cada uno ya eligió bando antes de que empiece la conversación.

Yo también elegí. Pero voy a llegar al final por las razones correctas. O al menos, por las mías.

Soundtrack para cocinar platos que nadie pueda rechazar

Hay películas que se ven una vez y otras que están siempre en algún canal de cable repitiéndose, y vos las agarrás desde el medio aunque ya sepas de memoria lo que viene. El Padrino y Scarface son las dos cosas al mismo tiempo.

Las vi por primera vez siendo chico, las dos en el mismo año, las dos prestadas en VHS con etiquetas de dudosa procedencia. No recuerdo cuál antes. Lo que sí recuerdo es que después de verlas quería ser Vito Corleone en los recreos del colegio y que ningún compañero entendía de qué hablaba.

Cuarenta años y pico después de que existieran, siguen siendo las dos películas de mafia que todo el mundo cita aunque no las haya visto completas. Eso ya dice algo. Pero vamos a ver qué dice exactamente.

El origen: dos novelas, dos mundos

Scarface Vs El Padrino - tapa del libro de Mario Puzo
Scarface Vs El padrino - Cover de Armitage Trail

Las dos están basadas en novelas. El Padrino en la de Mario Puzo, publicada en 1969, que Puzo escribió básicamente para pagar deudas y que terminó siendo una de las novelas más vendidas de la historia. Scarface es más complicado: la película de De Palma de 1983 es en realidad un remake de la Scarface de 1932 de Howard Hawks, que a su vez estaba basada en una novela de Armitage Trail inspirada en Al Capone. O sea que Scarface es un remake de una película basada en una novela basada en un mafioso real. Capas sobre capas.

Puzo coescribió el guión de El Padrino con Coppola. Oliver Stone escribió el guión de Scarface. Oliver Stone en 1983, que para los que no recuerden era el Oliver Stone que todavía no había dirigido nada importante y tenía una energía de tipo que quiere decir todo al mismo tiempo.

Los protagonistas: un cara a cara

Vito Corleone vs Tony Montana. Michael Corleone vs Tony Montana. Marlon Brando vs Al Pacino vs Al Pacino.

Esperen, que esto se complica.

El protagonista de El Padrino técnicamente es Michael — el arco de la película es el suyo, el que empieza siendo el hijo que no quería saber nada con la familia y termina siendo peor que todos. Vito es el motor emocional pero no el protagonista. En cambio Tony Montana es todo — no hay arco colectivo, no hay familia en el sentido profundo, es un solo tipo que sube y que baja y que lo hace todo a los gritos con una montaña de cocaína en el escritorio.

Al Pacino hace a Michael con una contención que da escalofríos. Al Pacino hace a Tony Montana sin ninguna contención y también da escalofríos pero de otro tipo. Son la misma persona actuando desde dos filosofías opuestas y las dos funcionan perfectamente para lo que cada película necesita.

La familia vs el individuo

El Padrino es una película sobre una familia. Sobre cómo las instituciones se corrompen, sobre cómo los valores se heredan y se tuercen, sobre el precio de la lealtad cuando la lealtad es a algo que no merece lealtad. Los Corleone son una metáfora del capitalismo americano que Coppola nunca terminó de decir en voz alta pero que está en cada escena.

Scarface es una película sobre un individuo. Sobre el sueño americano en su versión más literal y más obscena (el inmigrante que llega sin nada, que quiere todo, que lo consigue por las peores vías posibles y que se destruye exactamente por eso). «The world is yours» dice el cartel que Tony mira desde la bañera. Y la película entera es la demostración de que no, que el mundo no es tuyo, que esa promesa es la trampa.

Son dos tesis distintas sobre el mismo tema y las dos tienen razón.

El director: ¿Coppola o De Palma?

Francis Ford Coppola en 1972 era un tipo de 33 años al que el estudio no quería contratar y que terminó haciendo una de las tres mejores películas de la historia del cine. Brian De Palma en 1983 era un director de culto que venía de Carrie, Vestida para Matar y Blow Out, con una obsesión declarada por Hitchcock y por la violencia visual como lenguaje.

Coppola dirige El Padrino con una sobriedad que parece imposible dado el material (cada plano tiene una razón, cada sombra está donde está por algo. De Palma dirige Scarface con un exceso que también parece imposible, como la escena de la motosierra, el tiroteo final, la música de Giorgio Moroder) todo es demasiado y todo es justo lo necesario para esa historia.

Guerra de frases célebres

«Le haré una oferta que no podrá rechazar.» Ocho palabras dichas en un susurro. Con una mandarina en la mano. Probablemente la frase más citada de la historia del cine. De hecho siempre espero la temporada de mandarinas para decirla mientras como una, aunque este solo.

«Say hello to my little friend.» Cuatro palabras y un M16 con lanzagranadas. Dichas a los gritos desde una escalera antes de morir. Una locura y un amiguito que puede ser un arma u otra cosa, a gusto del consumidor.

Las dos son perfectas para lo que son. Las dos se convirtieron en clichés porque la cultura popular las repitió hasta vaciarlas de sentido. Las dos siguen funcionando en contexto porque el contexto las justifica completamente.

La música: dos mundos que no se tocan

Nino Rota compuso la banda sonora de El Padrino. Esa trompeta que todo el mundo tararea (sin poder dejar de escupir mientras lo hace) aunque no sepa de dónde viene. Una de las melodías más reconocibles de la historia del cine, que transmite exactamente lo que la película necesita: melancolía, poder, algo que se va perdiendo.

Giorgio Moroder hizo la banda sonora de Scarface. Sintetizadores ochentosos, el tema de Debbie Harry, una estética que hoy suena retro pero que en su momento era el futuro. «Push it to the Limit» durante el montaje del ascenso de Tony es uno de los mejores usos de música en la historia del montaje cinematográfico.

Los secundarios: ahí está la diferencia

El Padrino tiene a Sonny, a Tom Hagen, a Carlo, a Luca Brasi, al senador Geary, a Kay. Cada personaje secundario tiene una historia, una lógica, un arco propio. Robert Duvall (QEPD) como Hagen es una actuación que en cualquier otra película sería la principal.

Scarface tiene a Manolo, a Elvira, a Frank Lopez, a Sosa. Son funcionales — existen para que Tony suba, para que Tony caiga, para que Tony mate o sea traicionado. Ninguno tiene la profundidad de un Corleone secundario.

El final: la caída de un hombre

Tony Montana cae tiroteado desde una escalera después de resistir solo contra un ejército, con más balas encima que cualquier ser humano podría aguantar, cayendo en cámara lenta a su propia pileta. Es operístico, es ridículo, es perfecto.

Michael Corleone no cae en una explosión de violencia. En El Padrino III — sí, la tercera, la que nadie quiere recordar pero que existe — muere solo en un jardín, viejo, sin que nadie lo note demasiado. Pero el final verdadero de Michael está al final de la primera película: esa escena donde Kay lo mira rodeado de hombres que le besan la mano y Coppola cierra la puerta. Ahí terminó Michael Corleone. Todo lo que vino después fue consecuencia.

«Daño» en el mejor sentido.

Scarface influenció directamente a tres décadas de cultura hip hop, a los videojuegos de crimen organizado (GTA tiene una deuda impagable), a la estética del narco en las series latinoamericanas, a cualquier adolescente que alguna vez puso un poster de Al Pacino con el M16 en su cuarto. Es la película más citada por personas que probablemente nunca la vieron completa.

El Padrino influenció a prácticamente todo el cine dramático americano posterior, a Los Soprano, a Goodfellas, a cualquier historia sobre poder y corrupción que se haya hecho desde 1972. Es la película que los directores citan cuando quieren hablar de cómo hacer cine en serio.


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