En esta conversación, Daria y Henry abordan una de las premisas médicas más lucrativas y cuestionables de nuestro tiempo: la estafa del colesterol. Un análisis sin filtros sobre cómo un elemento vital para la vida fue convertido en el chivo expiatorio de la industria farmacéutica.

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Conversaciones con Daria: ¿Alguien se hace cargo de la gran estafa del colesterol que sufrimos desde hace años?
—Daria, tengo un tema ideal para vos. Quiero que hablemos del colesterol, ese chivo expiatorio moderno. Me da la impresión de que no solo está sobre diagnosticado, sino que se ha convertido en una industria.


—Ah, el colesterol… otro mito que engorda los bolsillos de algunos y vacía el sentido común de muchos. ¿Sabías que no existe una sola célula en tu cuerpo que no lo necesite para vivir? Lo primero que te enseñan es a dividirlo en «bueno» (HDL) y «malo» (LDL). Pero el LDL no es malo, es solo una proteína de transporte que lleva el colesterol a los tejidos para repararlos. Es como culpar al camión de bomberos porque siempre está donde hay incendio.
—¿Y por qué entonces tanta campaña, tanta estadística apocalíptica, tantos médicos alarmados por un numerito? ¿Entonces el colesterol no causa infartos?


—Porque es redondo, se mide fácil y se puede modificar con una pastilla. El combo perfecto para convertirlo en enemigo número uno. Es como si te dijeran que la fiebre es la causa de todas las enfermedades, cuando en realidad es una señal de algo más profundo. La relación no es directa.
Hay gente con colesterol alto que muere de vieja y otros con colesterol bajo que tienen infartos a los 40. El dato que nadie quiere mirar es que el colesterol actúa como una especie de parche natural: aparece en lugares donde hay inflamación crónica, estrés oxidativo, daños vasculares… No es el villano, es el bombero.
—¿Y cómo arrancó toda esta historia?


—Con Ancel Keys en los años 50. Hizo un estudio sobre siete países donde forzó los datos para que parezca que a más grasa saturada, más enfermedades cardíacas. Pero dejó afuera países que no coincidían con su hipótesis, como Francia, donde se come queso y manteca todos los días pero no hay la epidemia de infartos que uno esperaría.
Lo que no te dicen es que la industria azucarera financió a científicos en los años 60 para culpar a la grasa de las enfermedades del corazón, tapando el hecho de que el verdadero culpable era el azúcar. John Yudkin lo advirtió en su libro ‘Pure, White and Deadly’, pero lo destruyeron profesionalmente. El estudio de Keys fue tomado como dogma, y desde ahí todo fue cuesta abajo: se demonizó la grasa natural, se promovieron los aceites vegetales refinados y nacieron las estatinas.
—¿Las estatinas funcionan?



—Depende qué llames funcionar. Bajan el colesterol, sí. ¿Pero eso significa que te salvan de un infarto? No necesariamente. En personas sanas sin antecedentes, no hay evidencia sólida de que reduzcan la mortalidad. Pero eso no lo dicen en los anuncios. Juegan con los números relativos: si bajás el riesgo de 2% a 1%, te dicen que lo redujiste un 50%.
Técnica de venta. En términos absolutos, la diferencia es mínima. Y mientras tanto, te llenás de efectos secundarios: fatiga, dolores musculares (porque las estatinas bloquean la producción de CoQ10, vital para la energía celular), pérdida de memoria, caída de libido… Y en ancianos, bajar el colesterol se asocia con mayor mortalidad, no menor.
—Siempre sospeché de esa lógica. Me parece ridículo que una sustancia que produce el propio cuerpo sea tratada como veneno. Y encima te dicen que comas galletitas light y aceites vegetales para estar sano. ¿Qué hay con eso?


—Y con razón. El 80% del colesterol lo produce tu hígado. El cuerpo lo necesita para fabricar hormonas sexuales, vitamina D, bilis, membranas celulares. Bloquear esa producción es como tapar el sol con un telón: podés bajar la temperatura, pero también matás a las plantas. Peor todavía con los aceites vegetales. Esos aceites son inflamatorios, se oxidan rápido y contribuyen al daño celular.
Y las dietas bajas en grasa suelen ser altas en azúcar, lo cual sí está demostrado que daña el endotelio vascular y genera resistencia a la insulina. El verdadero problema no es el colesterol, sino la inflamación crónica y la insulina alta. Y eso no lo atacás con pastillas sino durmiendo bien, bajando el estrés, comiendo comida real y moviéndote todos los días.
—Entonces, ¿por qué no se dice nada de eso? Esto que decís suena a herejía médica.


—Porque no da ganancias. A nadie le importa venderte una siesta o una caminata al sol. Pero una droga que tengas que tomar de por vida… eso es una mina de oro. El colesterol alto, así como está presentado hoy, es más un negocio que una enfermedad.
Y hay muchos profesionales que ya lo están denunciando, pero el dogma sigue firme porque hay demasiada gente cobrando sueldo de ese sistema. Claro que suena a herejía. Como toda verdad incómoda. Pero una vez que te diste cuenta, no podés dejar de verlo.
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Fuentes para profundizar:
– Ravnskov U. et al. (2016). Lack of an association or an inverse association between LDL cholesterol and mortality in the elderly. BMJ Open. https://bmjopen.bmj.com/content/6/6/e010401
– Framingham Heart Study (1987). Resultados longitudinales de 30 años: caída del colesterol asociada a mayor mortalidad total.
– Dr. Malcolm Kendrick – The Great Cholesterol Con
– Uffe Ravnskov – The Cholesterol Myths (libro con referencias cruzadas y argumentos detallados)
– Peter Gøtzsche – Deadly Medicines and Organised Crime (crítica a la industria farmacéutica, incluye el caso del colesterol)
Este texto es afín al contenido de Conversaciones con Daria — La insider menos
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Preguntas Frecuentes sobre el Colesterol
¿El colesterol es realmente malo para la salud?
No, el colesterol es una sustancia vital. El cuerpo lo necesita para fabricar hormonas sexuales, vitamina D, bilis y membranas celulares. El hígado produce el 80% del colesterol del cuerpo. La idea de que es ‘malo’ (especialmente el LDL) es una simplificación errónea. El LDL transporta el colesterol para reparar tejidos dañados; el problema no es el colesterol, sino el daño vascular previo causado por la inflamación.
¿Las estatinas sirven para evitar infartos?
Las estatinas son efectivas para bajar los niveles de colesterol en sangre, pero su eficacia para prevenir infartos en personas sanas es estadísticamente mínima. La industria farmacéutica suele usar el ‘riesgo relativo’ para exagerar sus beneficios (reducir un riesgo del 2% al 1% lo presentan como una reducción del 50%). Además, tienen efectos secundarios graves como fatiga, dolores musculares (por depleción de CoQ10) y pérdida de memoria.
¿Qué causa realmente los infartos si no es el colesterol?
La causa principal de las enfermedades cardíacas es la inflamación crónica y el daño al endotelio vascular, frecuentemente provocado por dietas altas en azúcar y aceites vegetales refinados (omega-6), que generan resistencia a la insulina y estrés oxidativo. El colesterol acude al lugar del daño como un ‘parche natural’, pero al ser culpado de causar el taponamiento, se confunde al bombero con el incendiario.
¿Listo para seguir cuestionando la realidad?

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