Versus Bizarro: El Resplandor Vs El Exorcista

el resplandor vs el exorcista poster

Hay películas que te asustan y hay otras que te cambian. Este enfrentamiento arbitrario El Resplandor vs El Exorcista te demuesra que ambas hacen las dos cosas, pero de maneras tan distintas que compararlas es casi injusto.

Casi. Pero no del todo.

Dos películas que no se parecen en nada excepto en lo que hacen

El Exorcista (1973) y El Resplandor (1980) son los dos títulos que aparecen siempre en cualquier conversación sobre las mejores películas de terror de la historia. Los dos son de los 70 (Ok, El Resplandor llega justo cuando empiezan los 80, pero pertenece en espíritu a esa década anterior). Los dos rompieron lo que el cine de terror podía hacer. Los dos siguen funcionando cincuenta años después.

Y sin embargo son películas completamente distintas en lo que buscan, en cómo lo buscan y en a quién le llegan primero.

Eso es exactamente lo que hace interesante este versus.


El origen: dos novelas, dos directores, dos obsesiones

El Exorcista está basada en la novela de William Peter Blatty de 1971, que Blatty escribió inspirado en un caso real de exorcismo de 1949. Blatty también escribió el guión de la película — como Puzo con El Padrino, el autor del libro sabía exactamente lo que tenía entre manos. William Friedkin dirigió con una urgencia casi documental que le da a la película una textura de realidad que pocas películas de terror lograron antes o después.

El Resplandor vs El Exorcista - Libro de El Exorcista

El Resplandor está basada en la novela de Stephen King de 1977. King odió la adaptación de Kubrick — públicamente, sin matices, durante décadas. Lo cual dice algo interesante: Kubrick tomó el material de King y lo convirtió en otra cosa completamente distinta. No una película de King. Una película de Kubrick sobre los temas de King.

Esa diferencia de origen dice mucho sobre lo que cada película es. El Exorcista es fiel a su fuente porque su director respetaba el material. El Resplandor es infiel a su fuente porque su director tenía algo propio que decir con él.


El tipo de miedo: inmediato vs acumulativo

El Exorcista te agarra de entrada y no te suelta. El miedo es físico, visceral, inmediato. Regan MacNeil se transforma ante tus ojos en algo que no debería existir y la película no te da tiempo de procesarlo antes de mostrarte algo peor. Es el tipo de miedo que te pega en el estómago antes de que tu cabeza pueda racionalizarlo.

El Resplandor funciona de otra manera. No hay un momento de susto inaugural que establezca el tono. Hay una incomodidad que se instala despacio, que crece sin que te des cuenta, que va erosionando tu sensación de que todo está bien hasta que ya no podés señalar el momento exacto en que empezó a ir mal. Es el miedo que te persigue después de que la película terminó, no durante.

Son dos filosofías del terror completamente distintas. Una te golpea. La otra te desgasta.

Y curiosamente, para distintos espectadores y distintos momentos de la vida, una funciona mejor que la otra.


El corazón del terror: ¿dónde está realmente?

En El Exorcista el corazón del terror está en los contrastes. Las luces duras contra las sombras profundas — Friedkin trabajó con el director de fotografía Owen Roizman para crear una imagen que parece documental en los momentos normales y casi irreal en los momentos de posesión. Y sobre esa imagen, lo horrendo de la transformación de Regan: la voz gutural que no debería salir de ese cuerpo, los movimientos que desafían la anatomía, la crueldad de ver a una niña convertida en un recipiente de algo que no tiene nombre claro.

El terror de El Exorcista es lo que muestra. Es lo que la cámara decide no apartar cuando debería.

En El Resplandor el corazón del terror está en una actuación. Jack Nicholson construye a Jack Torrance como alguien que ya está roto desde antes de llegar al hotel — y la película usa esa rotura como punto de partida, no de llegada. El Overlook Hotel no crea al monstruo. Lo libera. Y Nicholson lo hace con una precisión que es casi más perturbadora que cualquier efecto especial porque es completamente humana.


Los protagonistas: Regan vs Jack

Linda Blair tenía doce años cuando filmó El Exorcista. Lo que hace en esa película — con la ayuda de efectos de maquillaje y la voz doblada de Mercedes McCambridge — es una de las presencias más perturbadoras de la historia del cine. No porque Blair sea una gran actriz en el sentido técnico sino porque hay algo genuinamente desconcertante en ver a una niña en esa situación, haciendo esas cosas, diciendo esas palabras. La incomodidad es parte del efecto.

Jack Nicholson en El Resplandor es otra cosa. Es uno de los actores más completos de su generación haciendo el trabajo de su vida en el rol perfecto para él. La sonrisa. Los ojos. La manera en que pasa de la normalidad tensa a la amenaza abierta sin que haya un momento claro de transición.

El Resplandor vs El Exorcista - El Resplandor poster

La escena que no es la más famosa pero es la más reveladora

Todo el mundo recuerda la cabeza girando, la escalera en araña, «Here’s Johnny». Son imágenes que entraron en la cultura popular y que se repiten hasta el agotamiento.

Pero las escenas más reveladoras de cada película no son esas.

En El Exorcista es Regan orinando en medio de la reunión de su madre. No hay posesión todavía — o al menos no visible. Es una niña que hace algo que ninguna niña hace en una reunión de adultos, con una expresión que no corresponde a su edad ni a su situación. Es una profanación social antes de ser una profanación espiritual. Y esa incomodidad previa, esa sensación de que algo ya está mal antes de que la película te muestre qué, es más efectiva que cualquier efecto especial posterior.

En El Resplandor es Jack retando a su mujer después de que ella lo interrumpe en su sesión de escritura. No hay hacha. No hay hotel encantado todavía. Es solo un hombre sentado frente a su máquina de escribir y una mujer que entra sin avisar y la tensión que se genera en ese intercambio es la primera vez que sentís que este hombre no está del todo bien — y que tal vez nunca lo estuvo.

Esas dos escenas dicen más sobre sus respectivas películas que todos los momentos icónicos juntos.


El director: Kubrick vs Friedkin

William Friedkin dirigió El Exorcista con una urgencia que no parece de Kubrick ni de ningún otro director de la época. Es una película que parece querer terminar antes de que alguien la detenga — todo avanza rápido, todo tiene peso inmediato, nada se detiene a contemplarse demasiado. Friedkin no era conocido por el terror antes de esta película y eso se nota en el mejor sentido: no hay convenciones del género que respetar porque no las conocía del todo.

El Resplandor vs El Exorcista - Stanley Kubrick on set

Stanley Kubrick es Kubrick. El Resplandor es una película de Kubrick sobre el terror, no una película de terror dirigida por Kubrick — la diferencia es sutil pero importante. Cada plano está calculado. Cada movimiento de cámara tiene una razón. La steadicam siguiendo a Danny en su triciclo por los pasillos del hotel es una de las secuencias técnicamente más perfectas de la historia del cine. Y esa perfección técnica es parte de lo que genera incomodidad — todo es demasiado controlado, demasiado preciso, para un lugar que se supone que está perdiendo el control.


¿Para qué edad son estas películas?

Esta es la pregunta que más me interesa y que menos se hace en los análisis convencionales.

El Resplandor vs El Exorcista - El exorcista poster Regan

El Exorcista te puede pegar tempranamente. Un adolescente, incluso un niño con cierta tolerancia al susto, puede ver El Exorcista y salir marcado de por vida — en el buen sentido. El terror es suficientemente físico y suficientemente concreto para que un espectador joven lo registre completamente.

El Resplandor es más complicada. Si la ves siendo muy chico y no tenés las referencias para entender lo que está pasando con Jack Torrance — la escritura, el alcoholismo, la violencia doméstica latente, el fracaso como padre y como hombre — la película puede aburrirte. No pasa nada suficientemente concreto en la primera hora como para sostener la atención de alguien que no tiene el contexto para leer lo que está entre líneas.

El Resplandor es una película que mejora con la madurez. No porque se vuelva más aterradora sino porque cada vez entendés mejor de qué tiene miedo realmente.


¿Cuál envejeció mejor?

Las dos envejecieron bien — eso hay que decirlo antes de cualquier matiz.

Los efectos de El Exorcista son de 1973 y se nota. Hay momentos donde el maquillaje muestra su edad, donde la técnica es visible de maneras que una película contemporánea evitaría. Y aun así sigue funcionando porque Friedkin construyó el terror sobre la actuación y la atmósfera, no sobre los efectos. Lo que no envejece es la incomodidad de ver a esa familia desintegrarse.

El Resplandor vs El Exorcista - make up Regan

El Resplandor no tiene ese problema porque Kubrick casi no usó efectos en el sentido convencional. Lo que envejece en El Resplandor es la percepción del espectador — cada vez que la ves sabés más sobre lo que significa y eso cambia la experiencia.


El veredicto arbitrario e inapelable

Es un resultado que no me sorprende y que al mismo tiempo me cuesta un poco aceptar, porque El Resplandor es técnicamente más perfecta y narrativamente más compleja. Kubrick hizo algo que Friedkin no intentó — una película sobre la desintegración de un hombre que usa el terror como lenguaje para hablar de algo más profundo.

El Resplandor vs El Exorcista - El Exorcista ganador

Pero El Exorcista gana porque hace lo que el terror tiene que hacer de la manera más efectiva posible: te agarra, te sostiene y no te suelta. Es accesible en cualquier momento de tu vida. Es inmediata en su impacto. Y tiene en los contrastes de luz, en la voz gutural y en la transformación de Regan una galería de imágenes que cincuenta años después siguen siendo insuperables en su género.

El Resplandor es la película de terror que más admiro. El Exorcista es la que más me asustó.

Y en un versus de terror, eso importa.

¿Y ustedes? ¿El hotel Overlook o la casa de los MacNeil? ¿La erosión o el uppercut?


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