Versus Bizarro: James Bond Vs Misión Imposible

James Bond vs Misión Imposible VS

Hay debates que parecen fáciles hasta que empezás a pensar en serio. James Bond vs Misión Imposible es uno de ellos. Dos sagas de espionaje, dos protagonistas icónicos, seis décadas de películas entre las dos — y una relación de origen que complica cualquier veredicto simple.

Porque sin Bond, no existe Hunt. Y eso hay que tenerlo en cuenta antes de votar.

El padre y el hijo que lo superó en algunas cosas

Cuando en 1996 Brian De Palma dirigió la primera Misión Imposible, la sombra de Bond era tan grande que la comparación era inevitable. Un agente secreto, gadgets, misiones globales, acción con elegancia. La referencia era obvia y nadie la ocultaba demasiado.

Lo que nadie anticipaba era que treinta años después esa franquicia nacida a la sombra de Bond iba a superar a su modelo en varias categorías importantes mientras Bond todavía buscaba su próximo protagonista.

Eso no significa que MI ganó el versus. Significa que el versus es más interesante de lo que parece.


Duración vs consistencia: el primer round

Bond tiene más de sesenta años, veinticinco películas oficiales y seis actores distintos en el rol principal. Es la franquicia de cine más longeva de la historia. Eso solo es un logro que no tiene equivalente en la industria — sobrevivir seis décadas, cambiar de cara, cambiar de tono, cambiar de época y seguir siendo reconocible.

Misión Imposible tiene treinta años, siete películas y un solo protagonista. Tom Cruise interpretó a Ethan Hunt desde 1996 y sigue haciéndolo. Eso también es un logro sin equivalente — mantener una franquicia de acción coherente con el mismo actor durante tres décadas, cuando la lógica del negocio hubiera pedido un reemplazo hace tiempo.

En duración gana Bond sin discusión. En consistencia narrativa y de tono gana MI — siete películas con el mismo protagonista en un arco que fue evolucionando de manera relativamente coherente es más difícil de lograr que veinticinco películas con seis actores distintos y calidades muy variables.


El héroe: Bond vs Hunt

James Bond es un arquetipo. No es un personaje en el sentido narrativo convencional — es una figura, una idea, un conjunto de características que se mantienen más allá del actor que las encarna. El esmoquin, el martini, el cinismo elegante, la frialdad ante el peligro. Bond puede ser Connery o Craig y seguir siendo Bond porque lo que importa es el arquetipo, no la persona.

Ethan Hunt es un personaje. Tiene historia, tiene equipo, tiene relaciones que se desarrollan a lo largo de las películas. No es intercambiable porque está construido sobre un actor específico y sobre decisiones narrativas que se acumulan de una entrega a la otra.

Esa diferencia explica por qué Bond sobrevivió seis actores y MI no podría funcionar con otro protagonista — y también por qué MI a veces emociona más. Un arquetipo impresiona. Un personaje te involucra.


El ego de Tom Cruise: una historia en dos actos

Esto hay que decirlo porque es parte del análisis honesto de la saga.

La primera Misión Imposible tiene un problema estructural que viene directamente del ego de su protagonista: Cruise quería su propio Bond y para tenerlo necesitaba destruir lo que MI era antes. El equipo, que en la serie original de televisión era el corazón de la franquicia, fue desarmado en los primeros veinte minutos. Jim Phelps, el líder del equipo, el mentor, el héroe de la serie original, fue convertido en el villano. Todo para que Ethan Hunt quedara solo como el único capaz, el único confiable, el único que importaba.

Es una decisión narrativa imperdonable para cualquiera que haya crecido con la serie. Y es transparentemente una decisión de ego, no de guión.

Pero después pasó algo interesante. Con el tiempo, con la madurez, con MI:III y especialmente con Ghost Protocol, Cruise pareció entender que lo que hacía grande a Misión Imposible no era Ethan Hunt sino el equipo. Y que su ego podía dispararse en otra dirección, no hacia el protagonista que no necesita a nadie sino hacia el actor que pone el cuerpo de maneras que ningún otro haría.

Ese segundo acto del ego de Cruise es uno de los fenómenos más curiosos del cine de acción contemporáneo: un hombre que entendió que la mejor forma de ser el centro de atención es arriesgar genuinamente su integridad física para que el espectador quede con la boca abierta. Colgar del Burj Khalifa. Agarrarse a un avión que despega. Motocicleta por un precipicio. Sin dobles, con cámaras que lo demuestran.

Es ego queda al servicio del espectáculo. Y en ese territorio no tiene competencia.


La reinvención: quién supo cambiar mejor

Bond se reinventó seis veces y cada reinvención dice algo sobre la época en que ocurrió. Connery inventó el personaje. Moore lo llevó a la comedia. Dalton lo oscureció antes de que eso fuera moda. Brosnan lo devolvió al centro. Craig lo deconstruyó completamente (el Bond de Casino Royale es la negación de todo lo que Bond había sido antes, y funcionó exactamente porque lo era).

Esa capacidad de reinvención es el activo más valioso de la franquicia. Bond puede ser cualquier cosa porque el arquetipo es suficientemente fuerte para sostener interpretaciones radicalmente distintas.

MI no necesitó reinventarse de la misma manera porque tuvo un solo protagonista — pero sí cambió de director en cada entrega con resultados muy variables. De Palma, John Woo, J.J. Abrams, Brad Bird, Christopher McQuarrie. Cada uno aportó algo distinto y el resultado es una saga estilísticamente inconsistente que sin embargo mantiene coherencia de personaje.


Los villanos: ahí está la diferencia

Bond tiene a Goldfinger, a Blofeld, a Silva, a Le Chiffre. Tiene una galería de villanos que en muchos casos son más memorables que el propio Bond. Silva de Javier Bardem en Skyfall quizpas sea uno de los mejores villanos de la historia del cine de acción; una escena de interrogatorio sin armas que realmente asusta.

MI tiene villanos funcionales. Están ahí para crear el obstáculo, para generar la tensión, para ser derrotados al final. Ninguno tiene la presencia de un Goldfinger ni la profundidad de un Silva. El Sindicato, el FMI (no el de la maquinita de prestar y presionar), el Caos — son organizaciones más que personajes.

La excepción parcial es Solomon Lane de Sean Harris, tipo frío, calculador, con una lógica propia que lo hace genuinamente perturbador. Pero ni Lane ni ningún otro villano de MI alcanza la galería de Bond.


Los secundarios: Q, Benji y el equipo que importa

Bond tiene a Q, a M, a Moneypenny, a Felix Leiter. Son instituciones más que personajes, aparecen, cumplen su función, desaparecen. Desmond Llewelyn fue Q durante treinta y seis años y su despedida en El mundo nunca es suficiente es uno de los momentos más emotivos de la franquicia. Judi Dench como M redefinió el personaje durante diecisiete años.

MI tiene a Benji Dunn y a Luther Stickell. Y tiene algo que Bond nunca tuvo: un equipo que el espectador quiere que sobreviva. Cuando Benji está en peligro importa de una manera que ningún secundario de Bond importa, con la posible excepción de M en Skyfall. Simon Pegg construyó a Benji como el corazón cómico y emocional de la saga, el tipo que hace las cosas difíciles parecer imposibles y las imposibles parecer ridículas, y que al mismo tiempo es el ancla humana de una franquicia que tiende al exceso.


Las chicas Bond vs el equipo de Hunt

Chicas Bond en James Bond VS Mision imposible

Las Bond Girls son una institución con fecha de vencimiento. Funcionaron perfectamente durante décadas y Craig tuvo el mérito de intentar actualizar el concepto — Vesper Lynd en Casino Royale es el interés romántico más complejo de la franquicia. Pero el modelo original de la mujer como accesorio del héroe es difícil de defender en 2024 sin hacer contorsiones argumentativas.

MI resolvió el problema de otra manera: Ilsa Faust. Rebecca Ferguson construyó un personaje que es igual o más capaz que Hunt, que tiene su propia agenda, su propia moral y su propia historia. No es el interés romántico de Hunt — es su par. Esa decisión narrativa envejeció infinitamente mejor que cualquier Bond Girl clásica.


La escena que define a cada saga

Bond tiene la escena de la piscina en Goldfinger donde Bond descubre a Jill Masterson muerta cubierta de pintura dorada. Es una imagen que define una época, una estética, una forma de entender el villano como artista del crimen.

Bond también tiene la secuencia de apertura de Casino Royale en blanco y negro donde Craig convierte a Bond en alguien dispuesto a matar dos veces para ganar el doble 0. Sin música de Bond, sin gadgets, sin esmoquin. Solo un hombre en un baño y una decisión.

MI tiene la escena del Burj Khalifa. Ethan Hunt colgado del edificio más alto del mundo, con el desierto abajo, con Tom Cruise genuinamente ahí. No hay truco, no hay doble, no hay ilusión. Es un hombre haciendo algo que ningún ser humano razonable haría, y el espectador lo sabe, y eso cambia completamente la relación entre el actor y la audiencia.


¿Cuál envejeció mejor?

Las primeras películas de Bond envejecieron con la dignidad irregular de los clásicos (algunas escenas son brillantes, otras son un documento de época que hoy hace que muchos lo miren con cierta vergüenza ajena). Y no es por pacatería que lo digo, sino por un simple e innegable cambio de paradigma cultural. Todo eso está ahí y mirarlo hoy requiere cierto ejercicio de contextualización histórica.

Las primeras MI envejecieron mejor en términos de contenido pero peor en términos de acción; los efectos de 1996 muestran su edad de maneras que los de Fallout no van a mostrar en treinta años porque la acción física no tiene fecha de vencimiento.


El veredicto arbitrario e inapelable

James Bond Vs Mision Imposible - Ganador

Es el resultado más ajustado de todos los versus y lo es por razones honestas. Bond gana por longevidad, por reinvención y por galería de villanos. Son tres argumentos que MI no puede rebatir porque son hechos, no opiniones.

Pero el margen es estrecho y hay que decirlo claramente: Misión Imposible construyó algo que Bond nunca logró del todo; una franquicia donde el espectador quiere que el equipo sobreviva, donde el protagonista evolucionó de manera coherente durante treinta años, y donde el ego del actor se transformó en generosidad física con la audiencia de una manera que no tiene equivalente en la historia del cine de acción.

Sin Bond no existe Hunt. Pero Hunt le devolvió el favor mostrando lo que una franquicia de espionaje puede ser cuando el protagonista finalmente entiende que el espectáculo es más grande que él.

¿Y ustedes? ¿Esmoquin o traje táctico? ¿Martini o lo que haga falta para completar la misión?


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